Luces de papel

Un nuevo principio

El día amaneció soleado, con el cielo tapizado de nubes y un fondo azul claro que parecía cerrarse sobre los límites del pueblo como una cúpula. El aire fluía a través de las ventanas, por las calles y plazas, mucho más ligero que de costumbre, regando con un renovado frescor las pieles curtidas por el miedo.

Era finales de octubre y los calendarios, colgados en cocinas y salas de estar, languidecían flacos de hojas. Mientras tanto, millones de manos se tocaban como nunca antes; millones de ojos cristalizaban, acuosos, al reflotar en ellos unos sentimientos que yacían congelados en el fondo del alma.

Nunca más importaría qué dijese el calendario, la vida de muchísimas personas empezaría a contar a partir de entonces.

Comentarios

No hay ningún comentario

Añadir un Comentario: